Ella salió desnuda
llevando sólo piel por pertenencia.
No soportó la ropa y la mordaza
y se lanzó consigo y su conciencia.
Se fue por el camino del origen,
donde se enamoraba a cada instante.
Fue repartiendo su justicia virgen
y transformando enanos en gigantes.
Sobre su cabeza silbaban
las palabras del viejo,
la maldición:
«Pronto tu pasión será nada,
porque por lo que tengas
tendrás valor.
Te cerraré el paso a mi bolsillo,
los mercaderes, las caravanas.
Pronto tus ojos no tendrán brillo
y te dirán la plaza sitiada.»