Cuando despierte
hablando con todos, y estaban contentos
como el ruido de un tren.
Estaban pegados en el firmamento
mis veinte esqueletos hinchados de aire
como el ruido de un tren.
Y en su lugar, posado,
mi ataúd se abrió como riendo.
Adentro estaba el día que nací
y un busto de Vallejo.
Bajo el teléfono de mi madre
había un sol de esos que hacen los niños.
Y los fieles amigos estaban allí,
y los viejos amores estaban allí,
y mis abuelos muertos estaban allí,
y mis botas de tela estaban allí.