Silvio en Concierto en San Juan: Si tengo un hermano, es boricua


27 de Marzo del 2017

Por: Rosa María Fernández
Fuente: Cubadebate
Fotos: Alina de Lourdes Luciano




Por primera vez he sentido la energía que emanan sus canciones, fuera de Cuba. Las cerca de diez mil de personas que abarrotaron el Coliseo de Puerto Rico, las coreaban apasionadamente. Pedían una y otra, con tan buen humor, que terminaban sugiriéndole, cántanos las que tú quieras, las que quieras Silvio. Así pasaron las de sus Amoríos y las legendarias. Que ni yo me las sabía todas. Impresiona este pueblo tierno, libre, enamorado.

El Silvio que veo tiene consigo una sonoridad espectacular. Lo acompañan músicos cubanos de primera calidad, que hacen mágico el espectáculo como si fuera poco con Silvio solo. Ellos son: Jorge Aragón (piano), Jorge Reyes (contrabajo), Oliver Valdés (batería y percusión), Emilio Vega (vibráfono y percusión) y el Trío Trovarroco, integrado por Rachid López, Maykel Elizarde y César Bacaró. Especial mención para la única mujer en el escenario, Niurka González (flauta y clarinete). Bastara decir que su virtuosismo conmueve; pero debo expresar que el sentimiento la desborda desde la música y hasta con la mirada. La más dulce que puedan tributarse dos amantes, desde una canción.

Profundo y vertical, Silvio dedicó a esa mujer que lo estremeció, “siempre a la sombra y llenando un espacio vital”; Ana Belén Montes, prisionera puertorriqueña sentenciada a 25 años de cárcel.

Pero mi historia es difícil, continuó, no voy a hablarles de un hombre común, citando a Pedro Albizu Campos, Juan Antonio Corretjer, Lolita Lebrón, Filiberto Ojeda Ríos y a Oscar López Rivera. Un ser de otro mundo, un animal de galaxia.

Oscar López Rivera ha recibido ayer el abrazo de Silvio, sus canciones y sus letras de sus propias manos, con permiso de quienes lo mantienen ahora en prisión domiciliaria en San Juan, tras 35 años en cárceles de los Estados Unidos. Considerado quizá el prisionero político más antiguo de este lado del hemisferio.

Encendidos y emocionados con un Ojalá, regalado en acompañamiento de la Camerata Coral de Puerto Rico, y con la redimensión de un “Vivo en un país libre”, cantado aquí. Siempre él con su guitarra y sus músicos que alternaban o en pleno. Y de pie, casi en un rezo estremecido: “un amor más en todo el mundo, un nuevo amor, piedra con piedra, hecho de sal y hecho de arena, como son todos los amores”. Comenzó con una canción de amor, la que se mueve fuera del odio, el miedo y terminó con una gota de rocío, un beso que hizo salir el Sol a media noche.

Qué plenitud de abrazos provocó, de risa, de llanto, de compromiso. A dónde van a parar tantas pasiones a esta hora.

Silvio, gracias por venir. Gritó uno, allá en las gradas. Eso debiera decir yo, le dijo tímidamente el poeta, que un día antes, ya había publicado en su blog: “Si tengo un hermano, hermano de suerte, hermano de vida, de historia y de muerte”. “Como podrán imaginar, ya estoy en la isla hermana Puerto Rico. Muchas memorias, muchos cariños de muchos tiempos encontrados. Quise poner esa entrada porque una vez la canté con un hermano de aquí. Es lo que aprendí de ser hermano, amigo, compañero de ruta, y me niego a aprender otra cosa, dígalo quien lo diga”.