Blanca Nieves*




Mi alma creció silenciosa y normal
hasta cuando cumplí cinco años.
Crecía yo en mi pueblo natal,
anhelando lo nuevo y lo extraño.

Fue entonces cuando hubo domingo
para una matiné infantil.
Era marzo, era abril, era el calor
y era una luz del asombro
ilustrando el amor.

Soy de provincia y por esto tal vez
el seguro de mi alma es tan leve.
Confieso que, bien pasados los diez,
volví al cine tras mi Blanca Nieves.

Aún me estremece, inmaculada,
frente a la infamia y el horror.
Fue mi primer amor y fue también
la única excusa para un alma ilusa
que, mientras vivió, dio a Blanca Nieves
su leve, su primer canción.
 

 

* Donada a la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.